Durante años, el gimnasio y el running parecieron pertenecer a universos distintos. De un lado, las rutinas de fuerza, las máquinas y los entrenamientos bajo techo. Del otro, los kilómetros, las carreras y el asfalto. Sin embargo, esa frontera es cada vez más difusa. O, mejor dicho, cada día están más unidas. En Megatlon Núñez, los profesores Maximiliano Santos y Daniela Nobrega observan una tendencia que no deja de crecer: alumnos que comienzan a correr después de años de entrenamiento en el gimnasio y corredores que incorporan la musculación para mejorar su rendimiento.
"Cada día más personas combinan gimnasio con running. Y también sucede al revés: mucha gente que corría empezó a sumar el gimnasio como parte de su rutina", dice Santos, más conocido como el Rasta. Para el entrenador, ambas disciplinas están lejos de competir entre sí. "El gimnasio y el running se complementan. Para quienes buscan mejorar una marca, el trabajo de fuerza ayuda a fortalecer músculos, estabilizar articulaciones, mejorar la postura y prevenir lesiones. Y quienes solo entrenaban puertas adentro encuentran en el running una forma ideal de sumar actividad al aire libre y cambiar la rutina", afirma.
Nobrega coincide en que el fenómeno responde a una búsqueda cada vez más integral del bienestar. Según explica, muchas personas llegan al gimnasio con objetivos vinculados a la salud o la estética, pero con el tiempo comienzan a necesitar nuevos desafíos. Allí aparece el running como una posibilidad concreta, accesible y, sobre todo, motivadora.
Parte de esa motivación tiene que ver con algo extra que el gimnasio no siempre ofrece: una meta visible en el calendario. "Lo que moviliza es el aspecto emocional. Una carrera tiene una fecha y una distancia concreta. La sensación de logro cuando cruzás la meta es muy buena", señala Santos. Y añade: "En mi caso, que soy un bicho de gimnasio, tiene que ver con ponerme a prueba y desafiarme".
Quienes llegan desde la musculación suelen hacerlo con ventajas importantes. El trabajo de fuerza desarrolla estabilidad, equilibrio y control corporal, tres aspectos fundamentales para correr de manera eficiente. "Una persona que frecuenta el gimnasio generalmente tiene mejor postura, mayor resistencia muscular y un cuerpo más preparado para soportar las cargas de entrenamiento", describe Santos. "Pero además hay algo menos visible: el gimnasio desarrolla disciplina, constancia y tolerancia al esfuerzo. Son cualidades que ayudan muchísimo cuando uno empieza a correr", agrega.
Sin embargo, ambos entrenadores advierten que existe un error frecuente: creer que una buena condición física adquirida en el gimnasio alcanza para afrontar cualquier distancia. "Muchas personas piensan que porque entrenan fuerte ya están listas para correr un 10K, un 15K o incluso una media maratón", aporta Santos. "Y aunque todo ese trabajo previo ayuda, correr requiere una adaptación específica. Es fundamental respetar una planificación y acostumbrar progresivamente al cuerpo al nuevo estímulo", precisa.
El cambio tampoco es solamente físico. Para Nobrega, quienes comienzan a entrenar con el objetivo de completar una carrera suelen modificar su relación con el ejercicio. La preparación deja de estar asociada exclusivamente a la imagen y pasa a vincularse con un proceso más amplio. El entrenamiento adquiere un propósito concreto y muchas veces termina impactando en otros hábitos cotidianos.
"Entrenar solamente por estética suele sentirse como un objetivo muy lejano", reflexiona Santos. Y continúa: "Cuando te preparás para una carrera, en cambio, tenés una fecha y una meta específica. Además, hoy la mayoría de las personas ya no entrena únicamente para verse bien. Lo hace por salud, para prevenir enfermedades, para tener una mejor adultez o para sentirse mejor en el día a día".
En ese contexto, el trabajo de fuerza ocupa un rol central. "Es todo ganancia", resume Santos. "Mejora la economía de carrera, hace que los músculos sean más fuertes, aumenta la resistencia a la fatiga y protege las articulaciones. Se reduce la carga sobre las rodillas, la cadera y la zona lumbar. Y con eso también disminuye el riesgo de lesiones", detalla.
La transición ideal, coinciden ambos profesores, no implica abandonar el gimnasio para convertirse en corredor. Todo lo contrario. "Lo mejor es combinar ambas actividades", explica Santos. "A los días de musculación se les pueden sumar dos o tres jornadas de running. Lo importante es empezar de manera progresiva, sin correr demasiado rápido ni acumular muchos kilómetros al principio. Y, sobre todo, respetar los tiempos de descanso".
Quizás por eso tantas personas terminan encontrando en las carreras algo más que un desafío deportivo. "Cuando uno cruza la meta, más allá de la distancia, ese arco simboliza todo el compromiso que hubo detrás: la constancia, el esfuerzo, las veces que te levantaste para entrenar, para ir al gimnasio o para salir a correr", concluye Santos. "Por eso, para quien está pensando en su primera carrera, la recomendación es simple: empezar de a poco, elegir una meta realista —como un 5K— y dejarse acompañar por profesionales. El objetivo no es llegar rápido. El objetivo es llegar bien".