Ignacio Doheijo corre carreras desde los 17 o 18 años. Por entonces lo hacía junto con un amigo y ambos se identificaban como “Km a Km”. La idea quedó estampada en sus remeras para correr la Adventure Race de Tandil y, algunos años después, terminó convirtiéndose en el nombre del grupo que comenzó a entrenar. “Eso me llevó a querer empezar a entrenar gente y armé un grupo muy chico de personas que quería tener un espacio de pertenencia”, recuerda el Negro, tal como lo conocen. No había un proyecto claro, pero sí una gran decisión: quería encontrar un lugar donde pudiera ser él mismo y ayudar a otros a mejorar haciendo aquello que más le gustaba (y aún le gusta).
El crecimiento llegó de manera gradual, por eso no puede señalar un día preciso en el que todo cambió. Doheijo explica que Km a Km “empezó a afianzarse de a poco, muy lentamente” hasta dejar de ser solamente un grupo de entrenamiento. Con el tiempo, esa dinámica cotidiana fue construyendo vínculos que excedieron más allá de los kilómetros compartidos. “Dejó de ser un grupo y se convirtió en mi segunda familia”, dice. Para el Negro, allí está una de las claves de estos 15 años: correr es el punto de encuentro, pero la comunidad se construye semana a semana.
En un running team que reúne corredores con objetivos muy diferentes, esa identidad también se sostiene sobre una premisa que el coach fomaro como Lic. en Actividad Física en la Universidad del Salvador considera fundamental: “Todos son importantes, nadie es más importante que otro”. En Km a Km conviven quienes buscan mejorar sus marcas con aquellos que encuentran en el running una herramienta para cuidar su calidad de vida a través de sus zancadas. Esa heterogeneidad, lejos de ser un problema, forma parte de la esencia del grupo. Según su creador, nadie queda al margen y mantener la motivación de todos es una de las responsabilidades centrales.
Las carreras ocupan otro lugar importante en esa construcción. Un Cruce, el Maratón de Buenos Aires o una competencia en el exterior funcionan como objetivos capaces de mantener el foco durante los meses de entrenamiento. Doheijo las define como la zanahoria detrás de la que “corremos todos”: una referencia concreta que ayuda a sostener la motivación y los impulsa a exigirse un poco más. Pero también están los momentos que ocurren antes y después de la largada. Le gusta ver a muchos integrantes de Km a Km compartiendo una carrera porque, dice, “entre todos nos acompañamos”. Y cuando hay un viaje de por medio, aparecen otras experiencias: muchas horas juntos, conversaciones, anécdotas y recuerdos que terminan fortaleciendo al equipo.
En el corazón de esa historia aparece un lugar: Alvear y el Río, en Martínez. Allí, el Negro comenzó como profesor de running y, con el paso de los años, ese punto de encuentro se convirtió en una referencia para todos, aun sin contar con una estructura física propia. “Es como si fuera el patio de mi casa, al lado del río, con la naturaleza en medio de la ciudad”, cuenta. Hoy son más de 150 corredores los que llegan a ese lugar para entrenar. Para su creador, esa geografía representa mucho más que el sitio donde empieza cada sesión: es parte de la identidad que fueron construyendo entre todos.
Después de 15 años, Doheijo no habla de Km a Km como una obra individual. Se reconoce como quien está a cargo como profesor, pero entiende que la continuidad del grupo depende de todos. “Es una construcción grupal en la que estoy a cargo como profesor, pero todos ayudamos y colaboramos para que siga vigente”, sostiene. En definitiva, la premisa sigue siendo la misma que estuvo desde el comienzo, disfrutar de correr y valorar la posibilidad de estar vivos. Por eso, cuando mira hacia atrás y piensa en estos años, el balance no aparece en forma de medallas ni de marcas personales. En su lógica, aparece en las personas que pasaron por el grupo y en aquello que el running pudo transformar en sus vidas. “Ver cómo a muchos les cambió la vida, me da y me dio años de vida, de felicidad”, resume.